Creo que ya se han acabado los baños de la mañana, después de correr en la playa recien levantada y antes de tomar un rico cafe, para empezar el dia con energia positiva, antes de poner en marcha las tareas de la jornada. Aunque sigo y seguiré bajando a la playa los días que pueda, no será lo mismo. Después de correr por la arena blanda y sentir como el cuerpo se calienta y la piel te pica síntoma de que la circulación también se despierta, no hay nada como zambullirse en el mar de aguas cristalinas que tengo el privilegio de admirar siempre que quiera, a este lado del globo. Entonces, la piel se contrae por el frio y sientes tu cuerpo duro y rejuvenecido...
Pero seguiré admirando el cielo azul tan intenso que siento como un tesoro. Y es que, desde que he descubierto Asia, no hago más que pensar en lo afortunados que somos aquellos que hemos idealizado el cielo "azul" porque así es como lo hemos experimentado siempre, y recordar el sentimiento de tristeza que me ha acompañado en más de una ocasión, en mis andanzas orientales, al despertar esperando que ese día la contaminación, la bruma o la desertización en el ambiente hubiera desaparecido permitiendo a sus gentes deleitarse con el cielo, azul tesoro.

